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Let the light coming

Mensaje por Invitado el Vie Mayo 10, 2013 3:56 pm


Itsasne Bengoetxea es la única persona que rechazaría una beca para estudiar en Seattle, la más maravillosa de las ciudades estadounidenses. Perseguida por sus temores, su vida da un giro de 360 grados cuando debe elegir si quiere ser la chica agresiva y temeraria de los últimos cuatro años o quedarse a cuidar de esa hermana de seis años que lo es todo para ella.
Joakin Urrutia es todo lo que unos padres pueden desear: guapo, inteligente y educado. ¿Por qué un joven con todo un futuro por delante huiría de todo cuanto ha conocido? Sin conocimiento de lo que le espera, acaba con un billete de avión a una ciudad lluviosa.No es casualidad que dos chicos que vienen del mismo lugar remoto acaben juntándose en ese sitio que recuerda a casa. Reservados y orgullosos, deberán aprender que a algunos monstruos sólo se les ahuyenta con otros más fuertes aún.

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Re: Let the light coming

Mensaje por Invitado el Vie Mayo 10, 2013 3:57 pm

Prólogo

-Tranquila enana, enseguida pasará-dice mi hermano Ander, sonriendo al ver cómo miro asustada por la ventana-.Es sólo una tormenta Itsas, no es que vayamos a ahogarnos ni nada
-Oh, parece que se va a inundar todo-digo yo al ver las gotas golpear furiosamente el cristal de la ventana.-Me gusta que llueva, pero todos esos ruidos y golpes dan miedo.
-Oh vamos, no me seas cobarde. Tienes casi siete años ya, deberías saber que no pasa nada. Míralo como si fueran los pedos de la gente que vive allí arriba. No eres la única pedorra aquí, ¿sabes?-dice mi hermano mientras me tira sobre el sofá y empieza a hacerme cosquillas.
-Ay no Ander, para ! –Sabe que odio las cosquillas. Casi tanto como ir al colegio. Ander sigue haciéndome cosquillas, y por mucho que quiero estar enfadada con él, no puedo. Me río descontroladamente y me retuerzo debajo de él hasta que estamos los dos tirados en el suelo, sin aliento.
-Venga, es hora de ir a la cama pedorra.- Ander y sus formas de hacer que le odie.
-Pero…¿Y mamá y papá?¿Habrán terminado ya de discutir?
-Me da igual si han acabado o no, tienes que ir a la cama Itsasne. Ahora. Sin rechistar.
-A la orden mi mandón-. Odia cuando le llamo mandón, y lo sé. Es sólo que no quiero ir a la cama, no con la tormenta haciendo temblar la casa y con mamá y papá discutiendo en el salón.
Ander me mira mal.-Vas a conseguir que una día te tire por la ventana, hermanita.
Resoplo.-Como si pudieras vivir sin mí.
Él se ríe. Me encanta cómo suena su risa, como hace que se le alegren los ojos y se le sacuda el pecho. – Posiblemente no podría, pequeña. De ninguna de las maneras. Y ahora a dormir.-Antes de que me dé cuenta me tiene sobre su hombre y está trotando hacia mi habitación. Pasamos por el salón y mis padres dejan de gritar al vernos.
-Itsas se va a la cama, ¿no es así pedorra?-Mi hermano y su siempre molesto apodo. A veces lo mataría. Bueno, no tanto. Sólo lo golpearía hasta que se cayera de la ventana. Y le atacaría con cosquillas. Sí, definitivamente ya tenía un plan para la próxima.
-Di buenas noches a tu padre, Itsasne-dice mi madre.
Me acerco y le doy un pequeño beso en la áspera mejilla. –Guau papá, pinchas.
Él se ríe y me coge en brazos, llevándome a mi habitación –Me afeitaré esta noche, ¿de acuerdo princesa?-Me hace cosquillas.
Realmente odio las cosquillas.-Vale, buenas noches papi.
Se inclina y me deja en la cama, dándome un beso en la cabeza.- Buenas noches, Itsasne.
Cierra la puerta tras él, y yo me duermo con el sonido de mi nombre en sus labios.

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Re: Let the light coming

Mensaje por Invitado el Vie Mayo 10, 2013 3:58 pm

Capítulo 1


Me despierto empapada en sudor frío. Me he caído de la cama, y las sábanas son un revoltijo a mis pies. La lluvia golpea el cristal y los truenos hacen retumbar mi pequeño apartamento, que está solo y desprotegido ante la furia de la tormenta.
Ver la lluvia me recuerda mi sueño. Hacía meses que no soñaba con él. Supongo que la cercanía del aniversario de su muerte lo empeora todo, como este nudo en mi pecho y los temblores de las piernas. A la mierda Itsasne, eres mejor que eso.
Me levanto y me dirijo a la cocina. Mis pies descalzos notan el frío de las baldosas con cada paso que doy y me tropiezo con alguna prenda de ropa que he dejado por ahí tirada. Soy lo más desordenado del mundo desde pequeña. Mi hermano siempre decía que la jaula de un mono enojado está más ordenada que mi habitación. No. No pienses en él. No pienses en el sueño. Aparto los pensamientos que me han despertado de mi mente y me sirvo un vaso de leche. No agua. El agua no sabe a nada, no me gusta. Soy así de rara.
Me quedo mirando el reloj de cuco que cuelga de la pared y me pierdo en las profundidades de mi mente. Retazos de mi sueño se cuelan en mí.
Tenéis que dejar de discutir. No vais a conseguir nada más que mantenerla despierta, y ella ya está lo suficientemente cansada. La voz de mi hermano se siente tan familiar, incluso aunque me la imagine. Si tu madre no fuera tan zorra, podríamos tener una conversación normal. Pero no es capaz de mantener la boca cerrada, en ninguno de los sentidos. Recuerdo levantarme con mi osito de peluche rosa bajo el brazo y preguntar qué pasaba. Nada princesa, vete a la cama. La sonrisa de mi padre era tan falsa como el color de su pelo. Mi hermano me cogió en brazos les lanzó una mirada a mis padres. Vamos a la cama enana, te leeré un cuento.
El reloj marca las cuatro y me devuelve a la realidad. Tengo que ir a clase mañana, y necesito dormir. Ahora. Dejo el vaso en la fregadera y vuelvo a mi habitación. Me meto bajo las sábanas y me apoyo en la cola de mi gato Chisbert. Sale de la cama y camina erguido fuera de la habitación, como si fuera culpa mía que sea lo suficientemente estúpido como para meterse en mi cama. Cierro los ojos y dejo que la bruma del sueño me atrape de nuevo.

***

La alarma suena demasiado pronto. Extiendo un brazo para apagarla y me encuentro con una cabeza peluda. Pego un grito.
-Demonios, Andrea ! Me has dado un susto de muerte.
Mi mejor amiga sonríe ante mi cara de sorpresa, enojo y sueño.
-Levanta nena, llegas tarde.- Me guiña un ojo y empieza a sacar ropa de mi armario.-De verdad, necesitas hacer un cambio de vestuario urgente. No hay quien se ponga tu ropa.
Me incorporo y me froto los ojos.-Yo me la pongo.
No soporto que se metan con mi ropa. No hace falta llevar faldas, escotes y pantalones ajustados sólo por ser chica. Yo personalmente estoy mucho más cómoda en vaqueros y sudadera. Tengo tropecientas mil sudaderas, de todos los colores, aunque sólo uso las oscuras. Andrea es una firme partidaria de llevar arcoíris y absurdos animales en la ropa, o ambas cosas a la vez. Bueno, tal vez no sea tan exagerado. Pero lleva demasiados colores para mi gusto, y siempre discutimos por ello.
-Bueno, que te la pongas no significa que te favorezca.
La ignoro y me pongo unos vaqueros, mi sudadera gris favorita y unas zapatillas. Recojo mi pelo en una coleta y me lavo la cara. Desde luego, soy rápida. Ni siquiera me miro al espejo, voy a la cocina y me pongo un café. Andrea ya está allí, bebiendo un café de la taza rosa que tengo guardada para ella.
-Caray Itsas, luces horrible
-Sabes, a veces necesito que me recuerdes porqué aún no te he matado.
Andrea ríe.-Porque te llevo a clase todas las mañanas
-Eso no es precisamente un punto a favor.-Me acabo el café y dejo la taza llena de agua en el fregadero.
Andrea ríe de nuevo, con su risa cantarina.-Cierto, pero sin mí estarías aburrida y sola todos los viernes. Te entretengo.
-Como sea. ¿Vamos?
-Vamos.
Salimos de mi cochambroso apartamento y caminamos hasta su coche rosa. Me subo yo por el lado del copiloto y ella por el del conductor. El coche arranca sin apenas hacer ruido, y hablamos sobre su nuevo novio de camino al campus. Apenas nos ha dado tiempo a aparcar cuando gritan el nombre de Andrea.
-Andrew !
Paola aparece detrás de un coche azul. Es la chica más increíble que pueda haber: cabello rubio hasta la cintura, ojos azules, cuerpo de gimnasta. Con esa sonrisa que siempre luce y su vestuario a lo estrella de Hollywood, se entiende fácilmente que tenga a todos los chicos detrás. Como Andrea. Ellas son como el agua y el aceite, pero igualmente hermosas. Andrea tiene el pelo de un rubio más oscuro y los ojos color ámbar, unas piernas kilométricas y un maquillaje que no se nota que lleva. Parecen salidas de una película. Y luego estoy yo. No soy baja, pero al lado de mis dos maravillosas amigas parezco una enana con mi metro setenta y dos de altura. Tengo el pelo oscuro, tanto que parezco teñida, y combinado con mi falta de gusto al vestir, parezco más un gnomo que una chica de diecinueve años. Lo único en lo que destaco son los ojos: dos grandes ojos verdes que surgen en medio de mi cara. Son bonitos, y me siento orgullosa de no tener que maquillarlos para que resalten. Aunque si no lo hicieran, tampoco los maquillaría. Mucho trabajo.
-Hola P, veníamos hablando de ir de compras esta tarde, a conseguirle algo de ropa decente a nuestra amiga gótica.-Andrea y su obsesión con las compras. Empieza a ser preocupante.
-No mientas, veníamos hablando de tu nuevo novio. Al que por cierto, estoy deseando conocer. Creo que aún no sabe dónde se ha metido. Sería bueno avisarle.
Paola ríe, divertida ante nuestras constantes disputas.-Bueno, yo me voy de compras con Andrea. Necesito terapia. Y deberías venir. Vas a marcharte en menos de una semana, y tienes que pasar tiempo con nosotras. Hay una fiesta esta noche, deberías venir. –Y me pone su carita de cachorro. La misma cara con la cual me convenció para poner una rana en la sopa de los de último años hace dos, y la misma por la cual me pasé tres meses copiando “no se corre en ropa interior por el colegio persiguiendo a un gato callejero” en mi cuaderno de matemáticas. La misma a la que no puedo resistirme.
-Lo siento P, pero ahora mismo lo que menos me apetece es meterme en una casa con un montón de gente sudorosa y borracha. Creo que preferiría cambiar la arena de la caja Chisbert. Empieza a oler.
Ellas dos ríen, empujándome dentro del gran edificio en el que tenemos clases.-Aún así, vas a ir.
-Tengo entrenamiento.
-Después de entrenar.
-Estaré sudada.
-Te duchas.
-Estaré cansada.
-Existe el Red Bull.
-No tengo qué ponerme.-Sé que es mi mejor baza, pero hoy Paola está decidida a sacarme de casa.
-Te dejaremos nosotras. O mejor, nos vamos de compras !
Sé que he perdido la discusión, pero aún así lo digo.-No me apetece ir.
-Pues te aguantas y nos demuestras tu amor por nosotras yendo a esta fiesta. Nos lo debes. Te sujetamos el pelo y te hicimos manzanillas la última vez.
-Si me enfermé fue culpa vuestra por no dejar que me secara el pelo en pleno invierno ! Me arrastrasteis a la calle !
-Pues hoy recuerda secarte el pelo y punto. Nos vemos, nenas.-Andrea sale corriendo para llegar a tiempo a su clase mientras Paola y yo nos metemos en el laboratorio de física avanzada. Es mi clase favorita, y el profesor es el mejor. Paola y yo nos sentamos dos segundos antes de que entre.
La mañana se me pasa volando. Para cuando me quiero dar cuenta, es hora de ir a comer y Andrea y Paola están sobreexcitadas por la fiesta de esta noche, y me río con su charla sobre ropa. Son incorregibles, pero las quiero así.
-Nos vemos esta tarde chicas.-Salgo corriendo a hablar con el pelirrojo que he visto entrando en su coche. Antes de darle tiempo a arrancar abro la puerta y entro por el lado del copiloto. Unos ojos marrones llenos de diversión me miran.-Hola Itsas, quieres entrar en mi coche ?
No puedo evitarlo, me río ante su expresión.-Hola Jon, encantada.
Jon sonríe, y arranca el coche. Jon es la clase de persona que te saca una sonrisa con sólo respirar. Es guapo, popular, y gay. No sé qué haría sin él.-Bueno, y que te ha traído aquí hoy ?
-Paola y Andrea me obligan a ir a la fiesta esta noche.
-Te obligan ? A ti ? Eso sí que no me lo creo.
-Me han hecho chantaje con eso de que me voy. Nadie diría que fueron ellas las que me obligaron.-Ruedo los ojos. Había recibido una beca para estudiar en Seattle a principios de curso, y la había rechazado. Cuando se lo comenté a mis amigas, me obligaron a llamar para decir que lo había reconsiderado bajo la amenaza de tirarme por la ventana si no aceptaba.
-Pobre Itsas. Anímate, no será tan terrible. Yo estaré allí.-dice Jon aparcando el coche.
-No sé qué haría sin ti.-Le doy un beso en la mejilla y me bajo del coche.-Esta noche te veo, entonces.
-Pásalo bien !-me grita mientras el coche sale disparado.
Estoy en casa de mis padres. Subo las escaleras y me recibe el olor a cigarrillos rancios, comida pasada y queso. Arrugo la nariz mientras grito llamando a mi hermana. Aparece corriendo por el pasillo y se lanza a mis brazos. -Itsas ! Hoy en clase hemos aprendido que de cada diez que beben, cuatro son personas.
No puedo evitarlo, me río. Nadie me hace reír como ella. –Espero que todos sean personas Nadia, porque si no tenemos un problema.
Ella frunce el ceño.-Creo que era que de cada diez hombre que beben, tres son mujeres.
Suelto una carcajada y estoy a punto de explicarle que eso no puede ser cuando mi madre aparece en pijama por el pasillo. Le lanzo una mirada de repugnancia.-Estaría bien si te ducharas alguna vez.-Saco un billete de cien y se lo doy.-Esto es para los gastos, pero nada de comprar cosas para ti. ¿Entendido?
Ella asiente con la cabeza, cogiendo el billete. Resoplo y me giro hacia mi hermana. -Bueno princesa, tengo que irme, tengo entrenamiento. Pasaré el domingo a buscarte y nos vamos de paseo, ¿vale? Así me despido de ti antes de marcharme.
Nadia me da un abrazo.- Vale, te quiero vieja.
Sonrío ante su apodo.-Yo también te quiero pequeña. –Le revuelvo el pelo y salgo por la puerta, lanzándole una última mirada de disgusto a mi madre.
Camino un par de manzanas hasta mi apartamento a coger mi bolsa de deporte. Le doy de comer al gato y me marcho con el balón bajo el brazo. El recuerdo de lo que me espera después de entrenar hace que se me ponga la piel de gallina. Se lo he prometido a las chicas, así que ya no me puedo echar atrás. Sacudo la cabeza. Jugar a baloncesto siempre me distrae. Camino hacia el estadio. Rápido. Me cambio y justo antes de salir a jugar vuelvo a recordar la fiesta. Bien, habrá que ir e intentar pasarlo bien. E intentar no pegarle un puñetazo a nadie de la fiesta.
Sí, va a ser una larga noche.

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